Este jueves se cumple una semana de un hecho que para mi resulto completamente nuevo; y que provoco sensaciones muy extrañas en mi organismo. Mi organismo de espíritu, de emociones, de existencia… De tripas. Cuando una amiga, una niña que conocí durante muchos años se perforo el cuerpo con una bala, y dejo de funcionar. La historia no es nueva. Es tópico de noticias, y López Doria ha tratado la misma trama desde antes que tuviera canas (y seguramente lo seguirá haciendo cuando el pelo se caiga). Los investigadores ya lo saben, no es nuevo para ellos en el frío terreno del conocimiento: Las estadísticas son claras. Los psicólogos se rascan la barbilla: “Es verdad, lo he visto antes”.
Claro, todos saben que la adolescencia en una edad complicada, yo lo vivo. Hay veces que pienso que son las feromonas, también las hormonas y su batallón que alborotan nuestro cuerpo. Pero hay más, evidentemente. La búsqueda por independencia existe. Existe desde el momento que comenzamos a ser individuos responsables, entes que parecen cobrar un rol no como seres de eter, no, como seres con personalidad, pensamientos, sueños, sensaciones erógenas y cráteres que se abren en la personalidad.
Es esta etapa del ser humano en que se puede abrir un camino de posibilidades… O cerrarlo. Se puede abrir la mente (y no con hachis, menos LCD)… O puede cerrarse. En este periodo de existencia se dan los errores mas brutales, mas trágicos, los mas idióticos y frustrantes. Los que te hacen chillar de rabia y le sacan a los padres las famosas “canas verdes”.
También se da el suicidio.
Había cumplido 17 años el 14 de agosto de 2009. Hace una semana, el jueves pasado, decidió terminar el ciclo que comenzó en 1992. Su anima se apago por un empuje de dedo. Y esta vez no fue el destino quien jalo el gatillo sino su propia mano. Así lo atestigua el tiempo, cuando el sonido de bala golpeo el viento. El lugar, en su misma casa y en la soledad de un armario. Si, misma mano con la que fue creada una última carta, la de despedida y la que efectivamente seria la ultima en
ser escrita.Su cuerpo sin vida fue enterrado dos días mas tarde.
Y yo estuve allí para ver la tragedia personificada. Shakespeare decía que todos somos actores en el teatro de la vida. Y ese día puedo jurar, que el guión que estaba destinado para ser un drama desde el momento que fue escrito tuvo una pasmosa interpretación allí mismo, en una ceremonia que parecía muy seria para una niña de su edad. Sus amigas, todas conocidas y ex-compañeras mías, hicieron lo mejor que pudieron. Echaron porras que parecían de cumpleaños, gritaron, por un momento pareció algo más que un entierro.
Pero no lo era... Y cuando el ataúd finalmente fue sepultado y nadie podía ver el féretro donde descansaba silenciosa la hija, la hermana, la prima, la amiga, para todos fue evidente que eso era todo. Y el tiempo se trago el llanto de ese día. Y el tiempo será el que sepulte a cada instante, que presida al segundo y este al minuto, a la hora, al día, al mes, al año, a la eternidad...
Y cuando experimentamos de cerca el destino, cuando lo hacemos en sus formas tan bizarras, tan escandalosas y rudas. Tan groseras, de semejante injusticia y frustración; uno siente algo para reflexionar. Pensamos que es el deber como sobrevivientes. Como criaturas que todavía podemos aprender y valorar, y tomar decisiones a la altura de nuestros deseos e inquietudes.
En esas reflexiones, sentí una inspiración que me pareció de origen elevado y que poseyó mi espíritu susurrándole un secreto, o eso me lo pareció a mí. Cuando no entendía porque, o como, y mi estomago se peleaba con mi mente, pensé que la única manera para abarcar la vida es sentir. No con el pensamiento, que solo entiende conceptos, sino sensorialmente. Y en ese momento puse por encima las emociones, la sensibilidad, que para mi represento la maquina mas poderosa de dios para comunicarnos con el universo. Para encontrarnos a nosotros mismos y sentir una conexión con algo mas.
No se...
Hoy recuerdo a Laura y los momentos, que aunque breves, fueron varios con los años. Y más que una desesperación aguda que agite el llanto y conmueva los ojos, siento un vacío que parece extenderse con mi propia melancolía. Y ahora que siento un hueco cerrarse en mi espiritu, parece que el tiempo esta tejiendo su seda. Supongo que son los anticuerpos del alma, y cuando esta se enferma, hasta en el más ligero resfriado están allí para aliviarla y cuidar su reposo.
Pero con sus padres, con sus hermanios... Todo es diferente, y no puedo concebir ni imaginar su dolor. Porque no es lo mismo tener el recuerdo que parece un sueño soterrado, su cara y su voz, su pérfil en memorias; que enfrentarse a la realidad de un día a día sin algo que era una verdad concreta, una presencia que respiraba en todo momento de sus vidas y ahora no esta.
Supongo que seguirán adelante. La vida es como el banco, lo que presta lo pide de vuelta y no siempre con bajos intereses. Pero a diferencia del banco no hay modo de recuperar lo perdido. Lo que ha sido embaucado no regresara porque fue el designio de la vida que jamas solicitemos en retorno lo que tuvimos la gracia de recibir. Parece un trato justo, pero hay un dejo de crueldad en el... Y nosotros lo hemos aceptado, el gran plan. Tal vez Laura se canso de hacerlo. Tal vez fue su manera de renunciar al dolor, a la pena, al mismo peso de existir, por lo que decidió acabar con esta charada que ningún filósofo ha logrado comprender; y que a todos se ha llevado por el camino entre las patas.
Llegado a este punto creo que no existe manera posible de finalizar este artículo... Quisiera poder decir algo a través de esta pantalla para callar la pulsación de las lineas entre cada letra, de las letras en cada linea. Pero no es posible. Terminare con una frase, que nuestra cultura ha diseñado para expresar el fin de la vida mortal y nuestras propias pasiones terrenales. Y lo haré esperando que esa frase tenga un sentido mas largo que el literario:
R.I.P, Laura. (Descansa en paz)
Por: El caballero de la triste figura.



